¿Será que me duele mi soledad?

Puede  parecer raro, pero en realidad no me gusta que me halaguen, no me agrada sentir que mis mejillas se sonrojan, no soporto ponerme nerviosa y no saber qué responder, y es peor cuando esos piropos provienen de chicos “sospechosos”, que puedan estar sintiendo algo por mí, porque no sé qué decirles para que no piensen que estoy correspondiendo. No quiero llegar a herir. Tengo miedo de no poder corresponder y cuando esté fuera de control, tengo miedo de su dolor…

Y me pregunto por qué sucede esto, por qué esto forma parte de mi aprendizaje, por qué me tengo que ver envuelta en triángulos amorosos, en amores prohibidos y en el dominio de mis miedos… por qué.

Por qué él es siempre muy atento conmigo, por qué se queda mirándome tanto tiempo, por qué me invita cosas tan seguido, por qué le importa tanto mi vida, porque siento que me admira, por qué sus ojos brillan, por qué intenta llamar mi atención, por qué es tan lindo conmigo, por qué me dijo que le gusto, por qué no la quiere… por qué siento esta impotencia de no poder corresponderle.

[…]

Por qué me escribió cartas, por qué respondió mi pregunta (¿sabes lo que es amar?), por qué creyó que se había enamorado, por qué me siguió, por qué me consoló, por qué siempre estuvo cerca, por qué me envió rosas, por qué se declaró… por qué lo quise tanto, por qué ya no está a mi lado, por qué no le dije te amo, por qué creí quererlo como hermano, por qué ahora lo extraño, por qué me duele que ha otra le diga te amo.

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Por qué me coquetea, por qué me sonríe tanto, por qué me escribe tanto, por qué se acerca mucho, por qué el palabreo, por qué en el…

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Por qué me guardó un verso para cada noche, por qué hablarme cariñosamente, por qué correr, por que no ir lentamente, por qué no me entendió, por qué en un mal tiempo de llegada,  por qué eso no estuvo a nuestro favor, por qué no quiso ser mi amigo por un tiempo definido, por qué quiso acelerar,  por qué ya no está acá. Neruda te nombra entre las líneas de sus versos, por qué ya no me las vienes a recitar.

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Por qué me llamaba, por qué se preocupaba, por qué  usar pretextos, por qué no ser directo, por qué me dejó sin sus cuidados, por qué me acostumbró a tanto, por qué me despedí, por qué me alejé tanto, por qué no lo intentamos, por qué fue en un mal momento, por qué ya no me ve como antes, por qué no me esperó un poco más, por qué no se atrevió a hablarme, por qué me sigo lamentando, por qué ahora que ya no puedes ser para mí lo extraño tanto.

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Por qué recurrió a mí, por qué me miraba así, por qué nuevamente me vio como una luz, por qué quiso caminar mal, por qué si sabía que eso estaba mal, por qué si ahora no está solo ya.

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Por qué… fui débil, por qué le creí, por qué llegó más lejos sin mucho esfuerzo, por qué está más presente que los demás si el no mueve ni un dedo, por qué aún lo pienso si está más pendiente de otras que de mí.

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Por qué insinuasiones mínimas y tímidas me emocionan tanto, por qué si no se puede, por qué es imposible si hace tiempo estaba esperando algo así, por qué las circunstancias se han dado así, por qué ahora si hace tiempo no me gustaba alguien de esa forma.

[…]

Por qué me sucede esto a mí, por qué se dejó vencer, por qué no me convenció de su amor, por qué no nació más en mí que un cariño de amistad, por qué se echó para atrás.

Yo sé que es parte del día a día, es parte de lo que nos toca vivir, es de lo que vamos a aprender; pero, por qué  siento una herida aquí, por qué las lágrimas están,  por qué el dolor interno…

¿Será que me duele mi soledad?