Quiero gritar

Quiero gritar, quiero saltar del puente más alto, quiero dar el derechazo más fuerte de mi vida, quiero dar cachetadas, quiero darme una cachetada y ubicarme en algún lugar que se llame realidad, y que por cualquier lado que vaya a mirar sólo logre enfocarme en mi realidad, que no me preocupe por lo que puede ser en el mundo de las trivialidades, sino por lo que ya es, lo que realmente importa, por lo concreto, por los proyectos que están en mis manos, por mi vida que está en mis manos, por mis metas, por mis objetivos, siguiendo mis modelos… quiero despertar, dejar de caminar por las mismas calles, quiero conocer nuevos lugares, quiero respirar, dejar la polución de su sombra, quiero salir de acá… quiero algo por mí misma y lo quiero gritar.

Quiero contemplar un ocaso.

Quién diría…

No puedo decir qué chiquito es el mundo porque siempre estuvo cerca, quizás con lo de hoy puedo afirmar, una vez más, lo irónica que resulta ser la vida. Jamás imaginé charlar con Don Chuito después de tanto tiempo, creí que la amistad que teníamos de niños iba a quedar reducida eternamente a un” hola” y un “chao”, ya veo que no, sin embargo, una lucha interna entre el concepto que tenía de él cuando éramos niños, y  ahora ambos universitarios… y la impresión que tengo de él de una conversación que aún sigue en el aire, no me dejan ni un segundo.

Qué irónico es todo, recuerdo que no me caía porque mis compañeras del salón se empezaban a juntar más con él en el recreo que conmigo, eran celos de niña engreída, ahora ya veo porque se juntaban todas mis compañeras con él, es tan agradable, tenemos muchas cosas en común, las comidas, el arroz!! nos encanta el arroz!, y saber temas de nutrición… y lo que más me agradó de nuestra charla es que él también piensa que mi paso por Medicina no fue en vano.

Quién diría que después de tanto tiempo nos volveríamos a hablar, y concluir en una charla amena, muy agradable. Quién diría.