Porque todo es relativo

Porque es tan estrecho el espacio de la libertad; porque lo implícito resulta ser lo desconocido; porque lo que se siente no siempre es lo que se calla; porque estás entre el hoy y el mañana; porque si algo nos une, nos une en España; porque eres daltónico por tus propios e impuestos temores; porque prefieres a los paliativos que a la cura; porque dos errores ya no hacen un acierto; porque no es justificar un sentimiento de culpa; porque no pienso hacer un postgrado en telepatía; porque ya tu reacción me puso en las bancas de un jurado, porque siento al público presionando y tengo a los participantes en espera. Porque no hay razón para el rencor; porque aún en ausencia del etendimiento o falta de coherencia en la expresión brilla el amor; porque fuiste mi mejor consejero; porque creí cuando me dijiste que no confíe en los hombres, porque confíé en que lo hiciste con todo cariño; porque me entendiste cuando dije que quería todo y a la vez nada; porque supiste manejar mi volubilidad; porque hay buenos momentos para recordar; porque ahora te estoy haciendo caso, ya no estoy generalizando; porque siempre tuviste razón, eran ciertas tus sospechas; porque eran inocentes sentimientos; porque el sentimiento expresado en acciones enamora, y porque no todo lo que enamora tiene que ser necesariamente de pareja; porque  ya no vivo en un mundo de fantasías; porque sigo soñando con mis pies en la tierra; porque eres el sobre de la carta de amor de Montalvo; porque ahora ya estoy más despierta; porque nadie es perfecto, y no todas las predicciones pueden ser certeras; porque es lo mejor para los dos; porque no existe término medio; porque ni a Dios le gusta los tibios; porque es una amistad o no lo es; porque quiero llevarme bonitos recuerdos, por eso es que me alejo.

Espacios apretados

Eramos cinco, como los dedos de una mano.

Eramos cinco, como los sentidos corporales.

Eramos cinco, como lo son las funciones intelectuales: razonamiento, inteligencia intuitiva, memoria, abstracción e inteligencia creadora o inspiración.

Eramos cinco, como el resultado de la división del diez, un número perfecto.

Eramos cinco, pentada de la naturaleza por su capacidad generadora, eje de la vida…

Ahora, soy como el éter, libre, diferenciada. Un quinto elemento suelto que se aleja de los demás, recorriendo amplios espacios apretados queriendo hacerse superior.  Y como el éter,  no olvido que sin ellos dejaría de existir,  que sin ellos dejaría de ser el quinto elemento.