Amor de madre

Terminaba un día muy cargado, no podía pensar bien las cosas. Regresaba a mi casa y me estaban acompañando dos grandes amigos, sentía que todo me daba vueltas, no podía creer lo que estaba pasando. Viéndolos a mi lado “soy muy afortunada” pienso, la mayoría de mis amigos son leales, confiables y siempre están cuando los necesito, obviamente cuando se puede. Bruno se fue y me quedé con Fabián. Me estaba reanimando, él también estaba afectado y aún así me estaba animando, me sentía egoísta por momentos, en otros pensaba que ya debía meterme a mi casa pues en esos momentos no puedo apoyarme en personas, que casi estoy segura, sienten algo por mí.

Ya debo dejar de ser muy prejuiciosa.

Era la una de la madrugada cuando me iba a descansar, estaba demasiado triste y necesitaba alguien cerca, deseaba sentirme protegida, me sentía bloqueada. Antes de apagar mi computador, mi mejor amiga me decía “debería estar ahí a tu lado”, yo sé que realmente deseaba consolarme, pero no se podía, y con todo lo que ya me había dicho ya era muy significativo para mí. Por otro lado, mi amigo me decía que llore mucho, que bote todo, que me desahogue para que mañana amanezca mejor. Él tenía razón, debía hacer eso, debía dejar de hacerme la dura y sacar todo lo que tengo dentro, ser sincera con mi dolor, conmigo misma. Me costaba mucho hacer notar mis deseos de llorar, aún soltando algunas lágrimas sentía mi dureza.

Como mi papá está de viaje la mayoria de las noches duermo con mi mamá, y esa noche no sabía qué hacer, mi mamá notaría mi estado, se diría a sí misma “mi hija está llorando, ella que siempre se muestra tan dura”, deseaba hacerme chiquita y que ella me tenga en sus brazos acariciando mis cabellos y luego me decía a mí misma que no me puede ver así, no me puede ver caída. Me acosté y no soporté más, era mi interior que me pedía pronunciarse, eran mis deseos de que mi madre me tenga entre sus brazos consolándome como cuando era niña, deseaba sentirme protegida, deseaba que sepa lo que me estaba sucediendo, deseaba sacar todo lo que tenía dentro y que sea ella quien me consuele, ella que siempre lo había hecho jutno con mi padre, hasta que yo empezé a crecer y me empezé a alejar y empezé a ser más fría y poco demostrativa. Solo pasaron segundos para que ella me diga que te sucede con su voz tan dulce,  le decía que eran tonterías, sin embargo ella siguió preguntando, esta vez no pudo mi dureza, esta vez ganó mi interior, mi sensibilidad, y desaté en llanto.

Era la segunda vez que lloraba en los brazos de mi madre en diez años. No me sentí sola, sentí que ella estaba allí apoyándome, consolándome, ayudándome a superar esto, ayudándome a sentirme mejor.

Amanecí mejor, deseaba decirle gracias mamá por estar conmigo, me haces sentir que no estoy sola en esto, eres más que una madre; y aunque a ella también le cueste ser muy demostrativa es mucho para mí lo ha hecho. Te amo mamá.