Aún tomate


Regresaba de la universidad cuando decidí hacer una parada en la bodega de la esquina de mi casa, era la hora del almuerzo y solo me alcanzaba para comprar una sopa instantánea con un par de huevos de granja, los cuales me serían difícil encontrar, así que entré rápidamente, cogí lo que necesitaba, los pagué y me retiré tan pronto como pude. Al salir de la tienda vi que Diego, un militar conocido, cruzaba la pista saludándome, yo estaba nerviosa porque no quería que se acerque ya que nunca sé de qué hablar con él; pero, sí me gusta verlo,  me gusta cómo se ve con su uniforme; sin embargo, todo cambia cuando coquetea. Me vi en el reflejo de las lunas del auto estacionado y con las mejillas acaloradas solo atiné a levantar la mano y sonreir avergonzada. Era la enésima vez que el ritual de su saludo me hacía sentir como si estuviera dentro de un volcán pidiendo desaparecer, todo un drama para mí, el guiño de sus ojos era un intento de seducción que me regresaba a la realidad por el calor incontrolable de mis mejillas.

No, no, no! Él no me gusta, el que se sonrojen mis mejillas no significa que me atraiga; sin embargo, lo que sí es evidente es soy muy sensible ante cualquier acto de coquetería y seducción. Esto es tristemente cierto en mi organismo siempre que no sé qué decir. Rayos! Esto quiere decir que si viene cualquier persona que haga lo mismo quedaré reducida a un tomate pidiendo ser ingrediente de alguna ensalada tan pronto como sea posible!! No puedo seguir así, de hecho tengo que reconocer que ya no llego a esos extremos muy seguido. Antes, lo primero que experimentaba era “miedo”, después de eso vino la “fase del tomate”, del cual aún presento algunas secuelas. Yo, aún tomate, estoy ansiosa de ser una experta en la “fase del arrebato” =).

Y aquí viene una pregunta que pone en jaque a muchos chicos que les gusta “entomatar”: ¿por qué es agradable intimidar a una chica? De seguro piensan que reafirman su virilidad, masculinidad, y se sienten más “el gallo del gallinero”. Qué cosa tan graciosa, yo queriendo dejar de ser un tomate y algunos chicos queriendo  reafirmarse como gallos del gallinero, es un fiel ejemplo del comportamiento animal e irracional (indignada xD). Y es que el dilema del tomate es súper incómodo, ¿por qué los chicos son así? Los hombres deben  reflexionar (¬¬!)

Pero bueno no hay mal que por bien no venga (=D), creo que el ser un poco más racional, fría y calculadora en determinadas situaciones te convierte en toda una experta preparando “caldo de gallina” (gallo). =)!

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Rayum dice:

    No me gusta el tomate y tampoco los gallos… Tus escritos son bien naturales, eso los hace únicos =) Enhorabuena Militak

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